lunes, 22 de febrero de 2016

Una leyenda urbana-drogota: fumar hebras de plátano coloca

Strambotic
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Puede que si fuiste adolescente en los 80, asombraras e intrigaras a tu madre a partes iguales al pedirle que no tirara a la basura las cáscaras de plátano. “Es para un experimento de ciencia”, diría/s. El “experimento” consistía en extraer las hebras del interior de la cáscara, ponerlas a secar al sol y posteriormente fumarlas en un canuto, convenientemente mezcladas con un pitillo Fortuna. Era el efecto incomparable de la bananadina, el ingrediente alucinógeno de las bananas. Como el hachís pero legal…¡y mucho más barato!
Evidentemente, el porro no colocaba más allá del propio tabaco y del OCB porque todo era una broma gestada años antes (en 1967) en el fanzine “Berkeley Barb”, que luego reprodujo el famoso “Libro de cocina del Anarquista”, haciéndose popular en medio mundo. Lo curioso del asunto es que sólo un año después de la publicación original una peli española, La dinamita está servida” (1968), ya se hiciera eco de la bananadina, como puede verse en este fragmento, subido por el blog Spaulding, en el que puede verse a un enterado Tony Leblanc aleccionar al cándido Alfredo Landa sobre los paraísos artificiales hortofrutículas.

Resulta cuando menos sorprendente que apenas un año después de la publicación de la broma en una oscura revista californiana, unos guionistas españoles (Noel Clarasó y José Luis Dibildos) estuvieran al tanto de los (falsos) poderes de la bananadina. Hablamos de una época en la que no existía ni el UHF, que la gente normal se informaba en el “Informaciones” y que lo más parecido a Twitter eran los telegramas.
Otros efectos colaterales de la broma urdida por “Berkeley Barb” fue la manifestación de hippies que tuvo lugar en Central Park aquel mismo 1968. “Enarbolando un plátano tallado en madera de 2 metros, los manifestantes intercambiaron y fumaron hebras de banana”, según relata el New York Times de aquel día.
A las autoridades sanitarias de EEUU (la FDA) no le quedó otra que investigar “los posibles efectos alucinógenos de las pieles de plátano” para concluir que “carecían de químicos intoxicantes” y que todo el pedo “era psicológico”. En caso contrario, los plátanos estarían hoy prohibidos y los dealers ofrecerían plátanos de Canarias, “ricos, ricos” en los umbríos callejones de las ciudades.
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La verdad sobre la mentira de la bananadina la desveló Cecil Adams en respuesta a una carta en Straight Dope y constituye la esencia del artículo de la Wikipedia sobre la bananadina.
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