martes, 18 de junio de 2013

Cómo cabrear a un vasco en siete sencillas lecciones




El vasco es un pueblo alegre, afable y con mucho humor. Sin embargo, los vascos son humanos (dentro de un orden) y se cabrean como el resto de los mortales, aunque no sea tan sencillo. Encuentra a un bilbaíno, dile que Donostia es muchísimo más bonita que Bilbao o que Julen Guerrero jamás llegó a nada en su carrera futbolística; recuérdale que, aunque se ponga cabezón, oficialmente es español; ve de pintxos con él por el Casco Viejo y no elogies la gastronomía; y para rematar, trata de escaquearte cuando te toque pagar la ronda. Y ahí tendrás, nada más y nada menos, que un vasco bien cabreado y a punto de montar en cólera.

Pero estudiemos con más detenimiento qué hacer para poner a un vasco o vasca de muy mala leche:




Recuérdale que es español

La manera más rápida y efectiva de cabrear a un vasco es recordándole que, por más que lo niegue, es español, oficialmente hablando. Sí, es verdad, Euskadi pertenece a España -de momento- y el DNI deja clara la nacionalidad, pero el sentimiento vasco no entiende de estados y fronteras. Un vasco es vasco por encima de todo y jamás querrá tener nada que ver con sus vecinos españoles o franceses. Así que ten cuidado al referirte a un vasco como español en su presencia, es un tema delicado y más de uno se puede molestar.

Y ya si quieres rematar la faena, demuéstrale tu ignorancia comentándole que su querido y ancestral euskera no es un idioma, sino un dialecto (y sé incapaz de demostrarle lo contrario mediante argumentos sin pies ni cabeza).

No organices cenas para celebrar cualquier cosa

El vasco es un ser extremadamente social y como tal, cualquier excusa es buena para organizar una cena entre amigos, familiares o compañeros de trabajo. De modo que puede resultar toda una ofensa si no organizas una cena o comida por la inauguración de tu nuevo piso, tu primer aniversario en tu nuevo puesto de trabajo, celebrar que por fin has corrido la Behobia-San Sebastián, que has terminado tu segunda carrera después de los 30, que lo has dejado con tu pareja porque ya no la soportabas o que has terminado de pagar la hipoteca. El porqué de la reunión es lo de menos, al final, lo que cuenta es juntarse, comer, beber y pasar un buen rato.

Prívale del derecho de salir con su cuadrilla

Y como ser social que es, los vascos y vascas necesitan de sus cuadrillas, o grupos de amigos, para sentirse realizados como personas. Por eso, cuando existe algún tipo de impedimento (por lo general de carácter familiar) que le prive de la compañía de sus amigos, se pone de morros. No poder ir al entrenamiento semanal del equipo de fútbol siete del barrio, a las salidas montañeras de los domingos o salir de pintxo-pote con los amigos o amigas, le fastidia mucho.




Menosprecia la gastronomía vasca

La gastronomía vasca es bien conocida desde Shanghai a San Francisco, y los vascos están muy orgullosos de ello. Es más, cuando salen fuera, no pararán de restregarte por la cara que como en Euskadi no se come en ningún otro lugar. Ni se te ocurra llevarles la contraria en este tema o sugerir, en plena Parte Vieja donostiarra, que los pintxos que acabas de tomar, además de carísimos, no tienen nada de especial al lado de los de Madrid o Valladolid.

Escaquéate de pagar la ronda

El vasco es un pueblo legal y cumplidor, y si hay algo que le molesta en especial es la tacañería y el escaqueo a la hora de rendir cuentas. Pueden llegar a las manos cuando se trata de pagar una ronda: “Yo pago”, “no, te he dicho que pago yo”, “¿Vas a dejarme que pague?”, “No, porque he dicho que pagaba yo”. Si un vasco dice que te invita, no discutas, no te servirá de nada, solo para cabrearlo. Por otra parte, si sales de poteo con un grupo de vascos, ojo con escaquearte reiteradamente cuando te toque pagar la ronda. Tendrás más dinero en el bolsillo, pero menos amigos. Reglas de oro: Paga cuando te toca y lo que toca, y déjate invitar cuando sea preciso.




Bilbao vs. Donostia

Si estás con un vasco, es importante conocer si es de Bilbao o Donostia (o de los alrededores) para no caer en el error de elogiar en exceso la ciudad vecina o su equipo de fútbol. Pocas cosas cabrean más a un bilbaíno de pro que estar constantemente diciendo lo bonito que es Donostia,  que eres un ferviente seguidor de la Real o que el euskera de Bizkaia es más feo que el de Gipuzkoa. Y viceversa. Aunque en realidad bilbaínos y donostiarras se llevan bien y son grandes amigos, no conviene tocar esa sensible fibra y es mejor hablar de otros temas.



Cuéntale un chiste en “euskera”

“Uno entra a una pajarería y pregunta: -¿Es cara esa cacatúa? -Lo siento, no hablamos euskera”. Si con esta chanza aún no has logrado ofender a tu interlocutor en su más íntima vasquidad, empieza a referirte a Euskadi como las Provincias Vascongadas. Infalible.