
Pocas cosas hay más clásicas entre colegas de trabajo que esta
expresión. Después de un distendido desayuno en el bar donde tomamos el
segundo o tercer café del día, alguno de los implicados, nada más llegar
a la oficina, siente la imperiosa necesidad de manchar la porcelana. Es
ese momento que, por mucho que se repita cada día, semana tras semana,
siempre arranca alguna sonrisa a los presentes. Porque, ¿qué sería de un
día de trabajo sin ese bendito elixir que nos baja de las nubes y nos
permite aterrizar en la Tierra? Y, lo que es aún más importante, ¿qué
haríamos sin esa visita obligada al excusado?
Eso mismo se preguntaron los autores de la investigación titulada ‘
Effect of coffee on distal colon function’ (El efecto del café en la funciónd el colón distal), publicado por la
revista
Gut, especializada en temas relacionados con el aparato digestivo
humano y editada por la Sociedad Británica de Gastroenteritis. ¿Una
revista especializada en temas digestivos? Sí, ya se sabe que hay gente
para todo. Y tal es su osadía que entrevistaron a 99 voluntarios
preguntándoles por sus necesidades fisiológicas tras la ingesta de café.
Todos ellos jóvenes (con edades entre los 17 y los 27 años), para que
los achaques de la edad no influyeran en los resultados del estudio,
respondieron sin pudor alguno a un exhaustivo cuestionario sobre sus
hábitos intestinales, teniendo muy en cuenta la incidencia el efecto que
pudieran tener en ellos las bebidas.
El 29% de los encuestados afirmaron que el café les empujaba a visitar el baño
para hacer de vientre. De ellos, el 54% aseguraba que solo sucedía por
las mañanas y el 58% que el café solo le invitaba a descomer si no lo
había hecho antes ese mismo día.
Respuestas muy diversas y variadas que nos invitan a ir más allá.
Como demostró aquel estudio, no se trata simplemente de que el café nos
incite a visitar el trono de mármol. Es algo más complejo. Cuando leas
estas líneas, la broma tomará un significado distinto con tus
compañeras de trabajo. Esta investigación dejó claro que ellas son las
más sensibles al efecto laxante del brebaje matutino.
¿Por qué el ‘perrete’ asoma el hocico nada más oler el café?
Más allá de las respuestas de los voluntarios que participaron en el
estudio, los autores realizaron pruebas a 14 voluntarios para ver qué
efecto tenía el café en su recto y en su colon. Con un endoscopio
flexible, que probablemente hizo que muchos se arrepintiran de haberse
prestado a ser cobayas, observaron como se incrementaba la movilidad de
la parte final del intestino grueso en aquellas personas que sentían la
necesidad de hacer aguas mayores al beber café.

Probaron
con diferentes tipos. Nada de Volutto, Dharkan o Kazzar. Un simple
descafeinado fue suficiente para dejar claro que aquellas personas que
decían que
el café les invitaba a manchar la porcelana,
efectivamente, registraron un incremento de la movilidad en el recto y
en el colon. Razón por la cual debían corren para llegar a tiempo al
trono. Por eso, aunque había quien aseguraba que este efecto laxante
tenía que ver con la cafeína, el estudio vino a corroborar que no era
así.
Pese a todo, el estudio no dejaba claro el motivo por el cual el café
ejercía este efecto sobre ciertas personas. Unos aseguran que es culpa
de que aumenta la liberación de gastrina, otros que la culpable es la
colecistoquinina y un último grupo lo achaca a mecanismos hormonales y
neuronales. En definitiva, aún siguen buscando el motivo de que el
brebaje matutino, indispensable para muchos, nos mande a conversar con
el señor Roca.
¿Y qué pinta el cigarro en todo esto?
Si bien aún no han dado con la clave de cómo y por qué el café hace
que la tortuga asome la cabeza, sí que han detectado el papel que juega
el segundo elemento de la ecuación “café y cigarro, muñeco de barro”.
Tal y como explica George Pinedo, cirujano coloproctólogo del Hospital
Clínico de la Universidad Católica de Chile,
el cigarro que muchos fuman después de desayunar podría ser el encargado de prender la mecha.
Según este especialista, el tabaco estimula ciertos reflejos que
todos tenemos, de forma que no sería de extrañar que los cigarros
provocasen un aumento del movimiento intestinal en ciertas personas, que
no podrían reprimir las ganas de visitar el inodoro. Así,
el mito dejaría de ser tal cosa y pasaría a ser una realidad.
Tal ha sido el impacto de esta pruebas concluyentes que, según
fuentes cercanas a Starbucks, la multinacional trabaja en una oferta
especial para que sus clientes vivan la experiencia en primera persona
y, más allá de degustar sus carísimos cafés, se fumen un cigarro y
manchen la porcelana. Todo en uno. Un lujo al alcance de todos.
Por supuesto, esto último no es más que una broma. Pero molaría…