martes, 16 de septiembre de 2014

© Fernando Parrilla


El Arte es el reflejo de la sociedad que lo crea; se cuestiona el pasado, y nos remitimos a la incertidumbre del futuro retomando esquemas conocidos y aplicando nuevas formas, para andar unos pasos que investiguen las maneras de lo que creemos venidero. Se cuestiona su razón como valor social: qué es más importante, cubrir las necesidades básicas de la naturaleza de un pueblo, o crear una obra que reflexione sobre las circunstancias en que está inmerso dicho pueblo?.
Cualquier dirección es válida para encontrar el camino: lanzarse al vacío sobre nuevos esquemas o retomar recreando lo ya investigado con un punto de vista actual o de futuro?.
La ciencia avanza, la lengua descubre nuevos giros para expresar las mismas definiciones con distintas connotaciones; la religión (base de la fé y las creencias), abre un abanico atascado que poco a poco nos muestra y nos advierte sobre las nuevas formas de pecar o ayudar, de vivir creyendo en algo. Revisamos las técnicas, disponemos de nuevos medios: el ordenador, el video, etc, para llegar a un mismo término por infinidad de caminos distintos.
Llegados a éste punto, me propuse crear un mundo particular con partículas de mundos ya creados, con las visiones de viejos maestros de la teoría y la realización; obras confluentes en un mismo espíritu inquieto, obras más que admiradas, idolatradas; base de lo que entiendo como mi religión. Profetas del riesgo, locos geniales, gigantes en el mundo de las hormigas, donde todo es necesario: labor de creador, trabajo de constructor, obreros que fabrican los cimientos, que ejecutan la obra definitiva aunque después reconozcamos sólo al firmante de la idea final.
El arte es de todos y casi todo es arte: el sexo bien hecho es arte, las palabras bien utilizadas, las miradas que hablan, los gestos que indican: arte social y sociedad creativa.
Hay un limite en la locura que se ha de asociar a la construcción del arte: la dignidad de vivir en el filo para sentir la linea invisible y fronteriza entre la inspiración y la ejecución.
© Fernando Parrilla