Noemí Rivera

Si hace poco vimos que detrás de muchos
iconos que creíamos 100 % españoles hay una mano extranjera, es hora de
desenmascarar a esos símbolos patrios que en realidad son tan vascos como el txakoli o los bertsos. Porque si te creías que no hay nada más
typical spanish que esa postal con una joven gitana flamenca, que decora el bar donde juegas al mus con García
el esmirriao y sus hermanos mientras vais picando trozos de tortilla de patata, tengo noticias
para
ti: Estás rodeado de elementos de origen vasco.
La tortilla de patata
En España existen dos tipos de tortilla de título indisputable: la
tortilla francesa, únicamente de huevo batido, y la española, de huevo
con patatas. Y luego están todas las demás combinaciones de huevo con lo
que sea que pillemos en el frigorífico.
Y al parecer, la tortilla de patata es de origen vasco. Cuenta
la leyenda que fue el
general carlista Tomás de Zumalakarregi quien inventó la tortilla de patatas, un plato sencillo, rápido y nutritivo con el que
alimentar y fortalecer al ejército carlista durante
el sitio de Bilbao (1835-36). Así, la tortilla de patata empezó a difundirse
durante
las primeras guerras carlistas hasta convertirse en un plato típico de la gastronomía vasca y española.
Aun así, a pesar de la leyenda, es lógico pensar que desde que la
patata aterrizó en España y toda Europa, ya habría habido alguna ama de
casa en el país a quien se le hubiera ocurrido mezclar con el huevo tan
novedosos tubérculo venido de ultramar, aunque solo fuera una vez y a
modo de experimento.
El apellido García
Párate a pensar un momento, ¿cuántas personas conoces que se
apelliden García? Un montón, seguro. Desde personajes públicos hasta
compañeros de trabajo y amigos. Es más, probablemente tú también tengas
ese apellido entre tus ocho primeros. Y es que García es el apellido
más común en España, hay alrededor de millón y medio de Garcías
repartidos por todo el país, lo que supone un 3,56 % de la población.
Pero en realidad, García es un apellido de origen vasco.
Proviene del nombre propio vasco medieval Garçea,
que con el tiempo acabó convirtiéndose en apellido. Las primeras
referencias se remontan al año 789 en la Baja Navarra, región
vasco-francesa.
No obstante,
no quiere decir que todos los Garcías España pertenezcan al mismo linaje
y compartan la misma sangre. Al tratarse de un antropónimo o nombre
propio convertido en apellido, existen en el país multitud de ramas
García con orígenes y armas muy diferentes.
La bailaora flamenca de las postales de las tiendas de suvenires
Quizá no exista icono más unido a nuestra patria que una bailaora
flamenca estampada en una postal o que posa en forma de muñeca encima de
la televisión; ese recuerdo tan castizo que los turistas extranjeros se
llevan a casa o regalan a sus familiares y amigos.
Pero resulta que
esa flamenca que empezó a aparecer en las postales de las tiendas de suvenires de España a partir de finales de los años sesenta poco tiene de andaluza o gitana, pues
es vasca de pura cepa.
Se trata de Arantxa Arzak, una donostiarra con un arte increíble sobre
el tablao flamenco y cuyas fotos fueron utilizadas para crear estas
postales.
La foto de la entonces joven de 16 años que aparece en miles de
recuerdos fue tomada en la sala de fiestas “El Relicario” de Lloret de
Mar, donde había ido con su primer trabajo para triunfar en el mundo del
baile español. A partir de ahí, las postales con la foto de Arantxa
empezaron a venderse por todas las tiendas de suvenires españolas,
pudiéndose encontrar todavía hoy en día en muchas de ellas. Y
nunca recibió un duro por ello.
La palabra “guiri”
Se nos llena la boca de orgullo español cada vez que usamos la
palabra “guiri” para referirnos a los turistas extranjeros: hombres y
mujeres achicharrándose su pálida piel sobre la arena mediterránea o
tomados por la euforia de nuestros excelentes caldos y demás elixires
nocturnos.
Sin embargo, un siglo antes los vascos ya usaban esa palabra en un contexto parecido.
Los carlistas (partidarios de
Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII)
llamaban despectivamente guiristinos (cristinos) a los liberales,
los partidarios de la reina María Cristina de Borbón (viuda de Fernando
VII y madre de la futura Isabel II), durante la Primera Guerra Carlista
(1833-1840). Los carlistas veían a los “cristinos” como “los otros”,
“los extranjeros”, que querían usurpar su Real objetivo.
Un siglo después, en los años 60, los primeros turistas extranjeros
empezaron a visitar España; eran unos turistas de mentalidad europea que
chocaba con la concepción tradicional que se mantenía en el país
durante el franquismo, de ahí que la tradicional España –igual que los
carlistas- rescatara el término guiri (abreviación de
guiristino) para llamar a esos turistas tan extraños y ajenos, como los propios liberales.
El TALGO
¿Sabías que TALGO es el acrónimo de
Tren
Articulado
Ligero
Goicoechea
Oriol?
Así es, posiblemente el invento español más proyectado
internacionalmente durante el franquismo, el catalogado como el más alto
exponente de la tecnología española, es vasco como un zurrón. Debe su
nombre a su diseñador, el guipuzcoano
Alejandro Goicoechea, y al financiero bilbaíno que puso los dineros para su materialización,
José Luis Oriol Urigüen.
El primer modelo fue fabricado en los talleres
Hijos de Juan Garay,
en Oñate (Guipúzcoa), para luego mandarse a EEUU donde fliparon
literalmente con su diseño de cabeza de tiburón. Allí se construyeron
los trenes (en España no había la tecnología necesaria) bajo la
supervisión de ingenieros vascos, para luego ser trasladados a España en
barco y convertirse en la cabeza de lanza de promoción del turismo que
fecundara nuestras costas.
Así, el caudillo Francisco Franco inauguraba su primer servicio con
un trayecto entre Madrid y Valladolid el 2 de marzo de 1950, para
comenzar un viaje que hoy sigue raudo con los modelos para alta
velocidad que pueblan nuestras vías. Aunque por el camino se han quedado
viejos y recordados modelos, como ese entrañable
Talgo III,
el de la franja roja y el exterior de chapa ondulada, que incluso
cambió la forma en que nos referíamos a los trenes: “No he venido en el
tren; he venido en el Talgo”.
El mus
Un bar, cuatro hombres sentados en una mesa fumando cigarrillos y
puros uno tras otro, bebiendo vinos y jugando al mus. Una estampa que se
ha repetido –hasta la llegada de la ley antitabaco- en innumerables
tascas del país. Pero el célebre juego de naipes que incluso ha cruzado
el Atlántico tiene su origen entre las verdes montañas vascas.
El mus ya se jugaba en el País Vasco allá por el siglo XVIII y
con los años, se fue extendiendo poco a poco por el resto de la
Península, con diversas variaciones en la baraja y las reglas.
Se dice que el nombre
“mus” deriva del euskera, musu (que
puede
significar beso, hocico, cara, labios o visaje) o
mustur (morro), empleados
para
hacer señas entre las parejas para comunicar las cartas; aunque el
diccionario crítico etimológico de la lengua castellana de
Joan Corominas y el
diccionario de la Real Academia de la Lengua Española afirman que la palabra
mus proviene de
mux, euskera, y
esta
, a su vez, de
mouche, mosca, en francés.
The Ibiza Style: KU, la discoteca más grande del mundo
Si existe un icono de la marcha española a nivel mundial, ese
galardón debería caer sobre una discoteca. Y la más impresionante que ha
conocido persona con cubata en mano
está bautizada con la K de kilo,
desde que en 1978 la crearan tres jóvenes socios vascos, que hicieron
de ese local un buque insignia de esta isla, una completa fuente de
inspiración
para
el mundo.
José Luis Anabitarte (Gorri),
Javier Iturrioz y
José Antonio Santamaría desembarcaron en la isla y compraron un jardín rústico conocido
como
el “Club San Rafael” donde edificarían su sueño a partir de una piscina
y un pequeño restaurante, siendo renombrado como KU (el dios hawaiano
de la guerra y la muerte)
en honor a una pequeña discoteca donostiarra que ya existía en las laderas del Monte Igeldo de San Sebastián.
Durante los años 80 fue considerado como el club de más prestigio del
orbe y, posteriormente, fue nombrado por el Libro Guinness de los
Records como la mayor discoteca del mundo. Y sus fiestas se hicieron tan
famosas que todos intentaron reproducir lo que allí sucedía. La pólvora
terminaría en fuego cuando en 1987 cuatro DJ’S británicos visitan la
isla y se enamoran de la libertad de
este
local, regresando a Londres para popularizar la música dance y el
trance inspirado en Ibiza y en el ácido por bandera, creándose el
fenómeno
clubbing.
Hasta que todo saltó por los aires en 1993, cuando la víspera de la Tamborrada de San Sebastián, uno de los propietarios,
José Antonio Santamaría, se encontraba cenando en la sociedad gastronómica Gaztelupe y
dos sicarios de ETA entraron en el local para asesinarle de un tiro en la nuca,
por unos rumores publicados por el diario Egin en el que se le
relacionaba con temas de narcotráfico. Este se encontraba de espaldas a
la entrada del local y no vio llegar a sus verdugos.
“¡Campeones! ¡Campeones! ¡Oé, oé, oé!”
Seguro que tú
también
lo has cantado a pleno pulmón en algún momento de tu vida; bien cuando
tus amigos y tú ganasteis la final de la liguilla de fútbol siete de
vuestra ciudad o cuando La Roja se alzó con el título mundial y se
desató vuestro orgullo patrio.
Sin embargo, este famoso cántico que se entona con euforia tras las
victorias deportivas a lo largo y ancho del país, tiene su origen en el
País Vasco, concretamente
en el ya desaparecido estadio de Atotxa, tras la segunda victoria de liga consecutiva de la Real Sociedad en 1982.
Lo que los aficionados de la Real en realidad cantaban era
“Txapeldunak, txapeldunak! Hobe, hobe, hobe!” (campeones, campeones; mejor, mejor, mejor). Con los
años
y con el griterío de la grada, el
hobé se difuminó en
oé,
y los que desconocían el euskera o se sentían más cómodos hablando
español, optaron por gritar el “campeones”. Y así, el cántico se fue
difundiendo por los estadios de todo el país
hasta
convertirse en uno más de los himnos populares de los vencedores.
Fuentes: Qué aprendemos hoy, Toniface, Wikipedia, Yorokobu, Euskomedia
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