miércoles, 17 de septiembre de 2014

MESÓN ESPAÑA


Anoche tuve una pesadilla de las malas. Todo por leer la prensa antes de acostarme. Los españoles debemos un billón de euros. Dios mío de mi alma: 166,386 millones de millones de pesetas. ¿En qué nos hemos gastado ese dineral? Eso no lo dicen ni a la de tres; si se debe, nadie enseña las cuentas. Y yo anoche, venga vueltas a la cabeza, y vueltas en la cama, y millones van y vienen, y auditoría de la deuda, y no la hago, y en qué se gastó, y no te lo digo, y dímelo, y nada, y erre que erre… y claro, la pesadilla.

Resulta que me vi almorzando con mi señora en un mesón. Mesón España, se llamaba – nombre predecible siendo una pesadilla-. El almuerzo: un plato de manitas, dos de chocos, dos cervezas y el postre. Pido la cuenta al camarero y se me acerca un señor con la misma cara de Floriano. Ahí empezaron los primeros sudores. Se inclina en una reverencia y me dice: “Deben los señores 75.841 euros con 23 céntimos”. Más sudores. El runrún del ventilador me pareció un tractor de cadena.

Me inquieto. Me pongo en pie. “Imposible”, le dije al camarero con cara de Floriano, “detálleme la nota”. El camarero sonríe: “No se alarme, caballero, todo va bien. Usted pagará esta deuda contraída con el Mesón España en cómodos plazos de 500 euros al mes que descontaremos de su nómina y de la nómina de sus vástagos hasta la quinta generación”. No lo podía creer. Más sudores. “Yo lo que quiero saber es qué coño nos hemos comido que valga 75.000 y pico euros. ¡La nota!”. Ya el camarero dejó de sonreír: “Verá, ¿qué le parecen 400 euros mensuales y cuatro cargos anuales de 300? Entiéndalo, han comido por encima de sus posibilidades y las deudas hay que pagarlas”.

Y ya me cabreó: “¡Que me enseñe la cuenta, coño! ¿Está loco? ¡Que quiero verla!” Y el camarero con cara de Floriano: “¿Está hablando de auditar la deuda? ¿Es usted antisistema? Debo calificar su comportamiento de bolivariano y castrista”. Y ya me encendí: “¡Que me enseñes la cuenta, cago en to lo que se menea!” Y él: “No sea violento, eso que ha dicho es populismo, le ruego se comporte o me veré obligado a llamar a seguridad”.

Empapado en sudor, oigo ronronear al ventilador a lo lejos: “¡Antisistema! ¡Populista! ¡Bolivariano! ¡Castrista!”. Runrún, runrún: “¡Neocomunista! ¡Telepredicador! ¡Chavista!”. Y yo, a voces ya, desvelado en el dormitorio, alterado: “¡Que me des la cuenta! ¡Quiero ver la cuenta! ¡Chorizo! ¡La cuenta! ¡Auditoría de la deuda!”. Y entonces vi a mi mujer mirándome con ojos espantados: “¡Te vas a volver loco de tanto leer periódicos! ¡Te va a pasar como a don Quijote!”. Y lleva razón, pero sigo debiendo 166,386 millones de millones de pesetas y en el Mesón España no me enseñan la cuenta ni a la de tres.