jueves, 10 de noviembre de 2016

LA INFINITUD CUÁNTICA DE LA ESTUPIDEZ


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Más allá o más acá del triunfo de la estupidez humana, lo que la victoria de Trump en las elecciones estadounidenses ha dejado claro es la descomposición de la “maquinaria mediática del sistema”. Su inoperatividad. Su nulidad. La inservible reconversión de buena parte de la prensa libre en aparato adoctrinador de masas, con lo que habrá costado. Hasta hace poco los medios tradicionales -todos a una como en Fuenteovejuna-, influían en la o...pinión pública y creaban tendencias electorales. Aquello era poder. Las élites dormían tranquilas. Los pastores voceaban lo que tenían que vocear y el rebaño, convenientemente esquilado y ordeñado, oía, asentía y medio pacía en avenencia.
Ya no. En EE.UU. más de cincuenta periódicos pedían la semana pasada el voto para Clinton y denostaban a Trump. Solo uno defendía a este peligroso payaso con nombre de pato que ahora es el presidente. El rebaño se ha empicado a las nuevas tecnologías, donde se informa y desinforma, se perjudica y se beneficia según sus luces, pero donde se entera puntualmente de las tarascadas de los lobos y de su negocio redondo con los pastores. No es por nuestro bien lo de controlar la red.
Supongamos, como parece, que los medios han fallado al intentar dirigir el voto estadounidense hacia Clinton y que el ciudadano ha votado sin la influencia de los viejos aparatos de control mediático, según sus entendederas. ¿Cómo es que las masas populares han votado entonces a quien las amenaza? Las mujeres, los emigrantes, los hispanos, los negros, los pobres… A un multimillonario que promete bajar los impuestos a los ricos y putear a los parias de la tierra.
Y no me vale la cantinela del populismo. Populismo, según la RAE, es la “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, que son las que quitan y ponen reyes, y el payaso con nombre de pato ha hecho lo imposible por espantarlas. Me quedo con lo positivo de todo esto: que ya los grandes medios nos influyen menos y en teoría somos más libres a la hora de decidir, pero me acojona, casi más que el control mediático, la infinitud cuántica de la estupidez humana, el individualismo, la maldad, el egoísmo. Y el poder del dinero.
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